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Pre-textos sobre curiosidades

Every-body issue

Hablar del cuerpo es complicado, escribir de él, más. No lo debería de ser… todos tenemos corporeidad y a través de él percibimos y sentimos lo que nos rodea. Es un tema que se puede abarcar desde muchas perspectivas y visiones; ya que nuestro cuerpo se ha prolongado más allá de sus límites físicos.

Describirlo conlleva un sinfín de adjetivos, que se desprenden al compararnos con la referencia impuesta como el prototipo del cuerpo ideal y perfecto. ¿Pero cuál es ese cuerpo? La genética y raza determinan nuestras características físicas, y si estás se mezclan ¿cuál es el resultado?

En los últimos años, el mundo de la moda ha querido romper con el peso, el mensaje, de imponer un tipo de figura que no va con la realidad. Se ha hecho una fama ante la sociedad, y ésta la reprende constantemente. Por esta razón, tiene la necesidad de enseñar, no nuevos rostros, sino nuevos cuerpos en páginas de revistas, anuncios, desfiles, y en todo lo que se mueva. Tanto así, que ya parece hipocondría. Publicar fotografías al natural-sin-retoques, donde el uso de la luz es un retoque y hasta la calidad del papel afecta a la dichosa imagen de realidad. Cuerpos más voluminosos por aquí. Modelos de la tercera edad por allá. Somos un mal ejemplo para la sociedad y tenemos que liberarnos de esta culpa. ¿Qué culpa?

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La moda es uno más de los reflejos de la sociedad y como cualquier reflejo se distorsiona a través de quién lo ve. Así, por un lado tenemos el cómo vemos las cosas y, por el otro, el cómo son las cosas. Queremos ver cuerpos reales en campañas de publicidad, en editoriales… Sin embargo, esos no son cuerpos. Son imágenes que interpretan algo a lo que no estamos acostumbrados: a vernos como somos realmente. Representan fantasías que las hemos convertido en delirios, que se manifiestan, aún, más con las redes sociales y sus aplicaciones.

Aunque nos quieran presentar una diversidad de cuerpos y nosotros ver cuerpos más reales, no son más que intenciones catalizadoras. Siempre habrá un detalle, una fisura, que nos hará seguir en la fantasía; porque realmente no queremos ver esos cuerpos deformes y anti-naturales (si es que nos queda naturaleza). Estas nuevas imágenes son extensiones, alargamientos, de la figura perfecta, según, impuestas por la moda; ya que nunca podrán mostrar la gran cantidad de formas y deformas que el ser humano tiene como cuerpo.

Terry Richardson (foto), Mel Ottenberg (stylist) V, enero 2010

Terry Richardson (foto), Mel Ottenberg (stylist)
V, enero 2010

Tendría que hablar de los antiguos griegos; esa civilización que de no haber existido ¿qué sería de nosotros? Uno de los grandes (o el único) pilares de toda cultura occidental. Razonaron y explicaron varios aspectos de la existencia humana. Observaron la perfección de la naturaleza que aplicaron al ser humano, quien no podría quedarse atrás. Así le proporcionaron un canon… un cuerpo desnudo, como la misma verdad. Precisión  matemática proveniente de la simetría de la naturaleza que dio como resultado la estética y la belleza… del ser humano.

Una proporción que hemos adquirido y reinterpretado según las necesidades de cada época y cultura. A pesar de los cambios, todavía conservamos esa fijación natural del cuerpo la cual hace despreciar los cuerpos deformes, que la reniegan. Pero éste es un síntoma de nuestra civilización. Nosotros no tenemos una cultura con dioses obesos ni deportes que nos exijan exceder los 100 kilos, no de músculo precisamente. No estamos acostumbrados a ello. Aunque nos dé morbo ver nuevos tipos de cuerpos, esos no son nuestros. En la imagen del otro buscamos cuerpos perfectos y, por ello, hasta la deformidad tiene que ser perfecta; que siga los lineamientos marcados y si no, imponerlos y tratar de corregirlo.

Nos perturba vernos tal cual somos. Si los griegos nos dieron la desnudez; el cristianismo nos cubrió y receló del cuerpo. La carne desaparecerá y sólo quedará el alma, hasta que volvamos a reencarnar; una espera que nos ha hecho olvidar la corporeidad que tenemos. Este desprecio a nuestras carnes es lo que nos ha llevado a degradar al otro y cubrirnos con ilusiones. Vemos los defectos del otro, no los nuestros; porque el cuerpo no nos pertenece.

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Somos antinaturales y, aparte, carnosos. Lo único que nos queda es el alma, lo que importa es el interior. Un interior que poco o nada se deja ver con las nuevas interacciones que tenemos con el mundo y el otro. Así, entre  la perdida de nuestra corporeidad, de presencia, y esa sospecha del interior nos van dejando dudas. ¿Quiénes somos? Cada vez somos más un espectro.

Buscamos respuestas y nuevas visiones de la concepción que tenemos de cuerpo. No es la perfección. No es la supresión. Es un conflicto de los cánones marcados que lleva al cuerpo a los límites más inesperados. Esto no es una degeneración, es un nuevo precepto de entendernos. Estamos como niños con juguete nuevo y el temor a nuestro cuerpo se convierte en la curiosidad que nos permite retocarlo sin miramientos ni culpa para poder presentarnos ante los otros como queramos que nos vean, no como somos en realidad, porque ella nos ha engañado.

Steven Meisel Vogue Italia, septiembre 2012

Steven Meisel
Vogue Italia, septiembre 2012

La pérdida de  presencia y el rechazo a esas carnes que nos alejaron de la perfección y que nos recuerdan lo que nos han hecho olvidar son la razón de que nos miremos distorsionados. Jugamos con nuestro cuerpo y la distancia que teníamos hacia él nos hace acercarnos tanto que nos permite mirarnos fragmentados y fascinarnos. Nos enfocamos en un detalle y volvemos a olvidarnos que tenemos cuerpo.

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Por ello, ver cuerpos incompletos que desaparecen realmente se presenta como el vaticinio de la caída de esos cánones obsoletos. Nos está gustando la extrañeza de cuerpos mutilados y los que retan a la naturaleza. Sobre todo, nos agradan los desmembrados por los marcos de las pantallas del nuevo mundo. No obstante, en estos cambios que vivimos todavía siguen pesando las concepciones estéticas: obesos con curvas contorneadas; mutilados con bellezas simétricas; ancianos que rejuvenecen. Imágenes que embelesan, pero que representan lo que queremos ser… un espectro que desaparezca de los límites espaciales y temporales, para ser digitales: un nuevo canon.

El cuerpo es un defecto que hace darnos cuenta de lo que verdaderamente somos. Queremos deshacernos de él… ésa es nuestra final fantasy.

http://www.chapter9photography.com/personal_work/mannequin_series.htm

Self-portrait with Michelle
Jerome Abramovitch

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