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Pre-textos sobre curiosidades

Mímica

Las apariencias engañan. Las falsificaciones, a nadie. Entonces, ¿por qué se han creado mafias a través de este supuesto comercio desleal, por no decir, ilícito? Yo desapruebo comprar estos productos, si los tuviera y vistiera, me sentiría incómodo; no me dirían nada y no dirían nada de mí… o ¿sí? Copia-Falsedad. Réplica-aprobación. Gusto-ostentación. Necesidad-deseo. Juego de palabras que pueden significar lo mismo, imitarse.

China will save the world with a female army, 2014? Kim Asendorf

China will save the world with a female army, 2014?
Kim Asendorf

¿Quiénes compran las falsificaciones? Yo las he visto adquiridas por gente como tú y como yo, como nosotros. Las inspeccionan como si fueran directivos de calidad de la marca, también regatean para poner el precio final. Somos el último eslabón de este negocio, pero nos sentimos más poderosos que el vendedor, como si con ingenuos e incautos estuviéramos tratando. Sobre la compra on-line, ni idea, pero debe ser parecida: buscar, comparar la mejor oferta, la foto más perfecta, click y a pagar.

Se habla de una falta de conciencia social (¿o será de consciencia?) para batir este cáncer del comercio y la economía de empresas e incluso países: toneladas de mercancía incautada, distintos orígenes de procedencia, estadísticas sobre actitud del consumidor. Las marcas atacan, se defienden y saben que no pueden ganar la guerra y, por ello, deben escoger sus batallas con las mejores estrategias. En sus tiempos, Madeleine Vionnet por miedo a las copias estampaba su huella en lo que llegarían a ser las etiquetas de la ropa y fotografiaba sus vestidos con tres espejos para garantizar la autoría de sus diseños. Si nosotros hiciéramos nuestro papel de buen ciudadano, un ejemplo de responsabilidad moral y ética, esto ya habría pasado a la historia como una breve anécdota. Sin embargo, no estamos por la labor, menos cuando creemos que al comprar un producto falsificado contribuimos con el derrumbe del capitalismo y los mercados hegemónicos. Nuestra conciencia social nos dice que al comprarle al vendedor le ayudamos a conseguir el pan de cada día; comprar por internet no es ilícito, es e-commerce; es el mismo producto, pero más barato porque todo se hace en China y con el mismo patrón. Excusas razonablemente aceptadas por nuestra consciencia.

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Todo se queda en un terreno puramente visible y cuantificable. ¿Realmente por qué se compran falsificaciones de marcas de moda y de lujo? Tenemos una conciencia social, pero muy audaz para elaborar pretextos que ayuden a sentirnos menos culpables de la falta que tenemos ante la sociedad. La conciencia social es un disfraz translúcido, un velo, que nos protege al no mostrar lo que verdaderamente somos y pensamos.

La moda re-significa signos al moverlos de una esfera a otra; mientras las marcas van incluyendo mensajes para embelesarnos y así comunicarse con nosotros como dioses desde el Olimpo. Nos hablan, tal sirenas melodiosas, las escuchamos y queremos alcanzarlas. No estamos comprando un bolso o un cinturón, estamos adquiriendo una invitación para entrar en su idilio, un universo sutilmente construido por la marca. ¿Por qué comprar un artículo falsificado de marca cuando podemos comprar otro con mejores características? Alguien puede decir que compra una copia para atacar al mercado y afectar a las marcas que venden sus productos con precios elevadísimos. Es más eficaz no comprar la marca ni su falsificación, sino un producto totalmente ajeno a todo este sistema de apariencias. Hemos convertido el artículo falsificado en un símbolo.

Compramos por deseo. La moda se repite y cambia en detalles hasta que muere y vuelva a resurgir de sus cenizas; las marcas lo saben. Por eso, dejan de vender productos para crear castillos en el aire llenos de lujo a los cuales muy pocos pueden acceder. Así que no queremos otro bolso ni otro pantalón, deseamos pertenecer a ese ideal; pero nadie nos ha visto con buenos ojos ni concedido valor. Así que buscamos con la falsedad poder acercarnos al deseo y alejarnos de los nuestros. Todo esto parece tan palpable, pero es tan subjetivo, tan inconsciente. No nos percatamos que lo verdaderamente falso es la imagen que nos creamos de las marcas dándoles un peso significativo en nuestras vidas.

¿Por qué en el arte no vemos como falsificación el poster que compramos en la tienda del museo? Estamos comprando una copia muchísimo más barata, hecha con materiales de otra calidad la cual, posiblemente, enmarcaremos para colgarla en nuestra pared. Pocos quieren arte, éste es para verlo y coleccionarlo; mientras la moda (y las marcas) es para que la vean puesta en uno. La falsificación que compramos es para esconder lo que no tenemos y enseñar lo que queremos tener.

Estamos tan acostumbrados a las copias, que ya ni nos percatamos en cuál es el original; porque no existe tal, lo que hay es una producción escasa de ciertos artículos que están hechos con los mejores materiales y con los controles más rigurosos de calidad. No es para todos, sólo para unos. En el arte todavía se puede decir que hay un original. Imitaciones, muchísimas.

La Gioconda, 1503-1514 Leonardo da Vinci, 77x53 cm

La Gioconda, 1503-1514
Leonardo da Vinci, 77×53 cm

La Gioconda, 1503-1519 Anónimo, Taller de Leonardo da Vinci

La Gioconda, 1503-1519
Anónimo, Taller de Leonardo da Vinci

Poster di Leonardo, La Gioconda, 1506 Poster Artístico, 60x90 cm, 17,90 €

Poster di Leonardo, La Gioconda, 1506
60×90 cm, 17,90 €

Siempre se falsifica lo que más conocemos, así se replica el gusto genérico que tenemos, nos uniformamos para pertenecer a algo. Las marcas se dejan ver en manos de cantantes, pies de actrices, cuellos de blogeras, en revistas, en televisión. Lo más sencillo para combatir la falsificación sería callar o regalar los productos a todos. Sin embargo, hay oferta porque el pueblo demanda igualdad, ser tratado como celebrity, pero sin pagar el precio justo. Lo más sencillo es imitarlos. Los fabricantes de falsificaciones podrían diseñar sus propios productos con la materia que tienen, pero no hablarían y nadie les compraría. Tendrían que entrar en el juego de la seducción del mensaje y, ahí, ya no habría negocio.

Esto es únicamente pura apariencia, gestos que nos sirven para actuar ante los demás. Pensamos que unos zapatos y un cinturón nos darán cierto gusto. Gusto a nosotros mismos, sí; antes los demás quién sabe. Mejor dicho, ostentaremos. Andamos en un mundo de apariencias donde ya ni nosotros parecemos ser lo que somos. No nos interesa la falsedad del artículo ni su calidad. Interesa el reflejo. Ese reflejo que nos ha cegado.

Desde el momento en que nos separamos unos de otros y establecimos recompensas para llegar más lejos que otros comenzamos a sentir celos y a desear lo que el otro tenía. En las batallas contra la falsificación las marcas atacarán lo que ven, pero no agredirán a quienes les hemos dado vida. Sin nosotros ellas desaparecen. Nosotros seguiremos con falsas apariencias. Las marcas tendrían que quitarnos el velo, y descubrirnos ante ellas tal como somos; pero a la vez veríamos qué son ellas en realidad. Preferimos no ver y que sigan pensando que no tenemos conciencia social.

Las marcas están en guardia para mantenerse a la vanguardia.

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