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Pre-textos sobre curiosidades

Haz patria…

Se dice que el huésped y el pez a los tres días hieden. Dependerá mucho de quiénes son aquéllos y quiénes los anfitriones. En ambos lados tiene que haber ciertas normas implícitas de convivencia para hacer más llevadera la estancia. ¿Pero qué pasa cuando el invitado se convierte en inquilino? Específicamente, de turista a residente hasta ser ciudadano.

El XXI puede ser considerado como el asentamiento y la expansión del internet junto a lo digital y cibernético que nos dejó el siglo pasado como batuta. Actualmente estamos más conectados unos con otros, en constante comunicación y fácilmente localizables. La ciencia ficción dejo de ser tal para convertirse en una realidad ficticia. Este universo paralelo es tan expandible y oscuro como nuestra mente nos haga pensar. No hay límites ni fronteras, un click abre ventanas que no habríamos descubierto en el mundo material. Hay una libertad incuestionable tanto de expresión como de individualidad (aunque se están haciendo leyes para bloquearnos y censurarnos). Un comment aquí, un chat por acá o un facebook acullá. Puedes ser tú, otro, varios; somos códecs moviéndonos en megabytes por segundo.

Luego nos preguntamos por qué a estas alturas de la vida no hay tanta libertad de tránsito entre países, sin visas ni papeleos; facilidad de desplazamiento físico. Al salir de esa burbuja digital vemos algo totalmente opuesto gestado por nuestra esencia humana la que vamos cargando a través de generaciones. El tiempo pasa y aún somos retrógradas, sólo mejor maquillados para cubrir esas pequeñas imperfecciones y sentirnos más evolucionados y diferentes a nuestros antepasados.

Parte de nuestra identidad se forja por la pertenencia a un grupo con el que compartimos más de lo que podríamos pensar; ellos son nuestro reflejo. Nos distinguíamos de otros clanes con los cuales convivíamos únicamente por alianzas, mientras los demás eran aniquilados por el bien de nuestra subsistencia. Nos sentimos superiores y queremos hacer del vecino una nimiedad que sólo sirva para perpetuar nuestra existencia. Entre nosotros establecemos un espacio donde nos sentimos seguros y conformes; fuera de él, con los otros, asustadizos e incómodos. Eso sí, nos adaptamos fácilmente para vivir en las zonas más hostiles del planeta, pero al cohabitar y compartirla con extraños nos acorazamos.

Hay estados con grandes índices de inmigración que en su mayoría conforman una especie de colmena. Se dirá que es por la exclusión social y la marginalidad. Sin embargo esta construcción de guetos es efecto y responsabilidad de ambos bandos (desde ciertas perspectivas), tanto  forasteros como oriundos se ven con desconfianza porque ninguno de los dos llega a relacionarse ni darse a conocer.

Voyages #37: Sumatra with G.I. Joes, 2006 Joyce Kozloff

Voyages #37: Sumatra with G.I. Joes, 2006
Joyce Kozloff

Allá donde fueres, haz lo que vieres. Sabio refrán sin validez alguna en estos tiempos ya que los países se han maneado tanto que no los diferenciamos; su población ha transformado sus ciudades en células para distinguirse entre ellos mismos. Quizá antes un foráneo pasaba desapercibido mimetizándose con ellos o para no sentirse aislado compartía sus costumbres. Así, llegaron a sentirse más cómodos en el lugar anfitrión que en su propia tierra y con deseos de mantener ese nuevo ideal adoptado. Algunos al añorar su hogar y a los suyos comenzaron a construir intentos clonados de sus lugares de origen para confundir a la nostalgia al modificar su entorno con elementos conocidos. Como sea un extranjero es un ajeno en tierra que no le pertenece.

El espacio territorial que ocupamos es lo perceptible, que nos da derechos y autenticidad. Lugar físico y significativo que se posee para decirnos de dónde provenimos y de quién somos. De aquí hasta allá es mío, soy yo. En la red no hay esos conflictos, lo digital no es vertical ni horizontal; para retenerlo se inventaron objetos que nos dan la ilusión de poder, posesión, pero no dominio.

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La tierra es un bien preciado y mientras más hectáreas se tengan más congéneres podremos tener, perderla es la peor derrota social e individual, es nuestra aniquilación. Si un tigre lucha pos su territorio, el hombre mata y rinde a quienes interfieren en su perduración. Las fronteras nos convierten en lo que somos y lo que entra por ellas nos asusta. No es banalidad entrar en guerra por mantener nuestra cultura y lo que somos; si ganamos y obtenemos más superficie, significa más probabilidades de mantener nuestra identidad. La raíz de este tipo de conflictos es algo tan sencillo e importante como la subsistencia.

Como individuos buscamos nuestro propio espacio, ¿por qué pensar que como sociedad va a ser distinto? Si no hay reconocimiento con los iguales, habrá una separación. Si se invadió una casa deshabitaba, se intentará recuperarla. Si piensa y actúa diferente a lo establecido, bullying. Son pocos, se intenta moldearlos y adaptarlo, o exterminarlos. Cada uno piensa en pequeño, pero en grupo hay movimientos que se deben emprender para que nuestro, tu, mi, legado no termine en ruinas ni dominado por extraños.

Mapa del Tíbet en la forma de mujer demonio, Siglo XX Norbulingka, Lhasa

Mapa del Tíbet con forma de mujer demonio, Siglo XX
Norbulingka, Lhasa

Es una cuestión de querer algo que no se puede tener en las manos. ¿Quiénes somos sin un origen terrenal? Es la pertenencia a una ciudadanía, una sociedad y a una cultura que nos comparte su memoria con la que desarrollamos una identidad diferente al de otros grupos, incluso del mismo país y de la misma ciudad. ¿Quiénes seremos si no dejamos nada a nuestro nombre? No habrá legado, no se transmitirá nuestra historia; olvido.

Las culturas se desarrollan a través de la conexión que hacen sus individuos con otras. Hay intercambios, comunicación. Ellos nos permiten subsistir, sin estos viviríamos en un sopor. Al ver hacia afuera de nosotros tenemos la idea de que los otros están mal y equivocados o que carecen de razón. Así, hay culturas que se cierran, mientras otras se expanden para darle un sentido a aquéllas con sus reglas y normas, civilizarlas. Éstas se vuelven las dominantes y crecen; la interacción con otras es lo que somos ahora. Siempre quedará un resto de la otra que se amalgamará para formar parte de nuestro yo. Pero hay miedo de perder la esencia que nos originó la cual hace mucho que no existe, somos los restos de culturas predecesoras.

Actualmente se quiere enmendar ese problema al recuperar los orígenes olvidados; volver a un punto de partida para reestructurar la identidad grupal a través del levantamiento de fronteras más definidas para emerger de la orgía cultural y el dominio. Alejar al otro para verlo como lo que no somos. ¿Xenofobía, patrioterismo, chovinismo? Cada quién lo sabrá; es un camino hacia la búsqueda de la identidad que se desvanece ante una globalización que dicta cómo tenemos que ser y hacer, todos. Ideas que se expanden a otros planetas en busca de similitudes con la Tierra. Conquistas espaciales para separarnos aún más y a la vez perpetuar nuestros ideales para seguir vivos. Quizá no lo entenderemos porque somos los dominantes, quizá lo sentimos porque nos vemos como algo que no se conecta fácilmente con lo que nos rodea. Internet está ahí para encontrar a nuestros iguales y construir un espacio con ventanas abiertas, pero puertas cerradas.

El mejor resguardo ante este miedo siempre será un McDonald’s.

McDonald's en el mundo, 2013 Business Management EU

McDonald’s en el mundo, 2013
Business Management EU

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Esta entrada fue publicada en 24'07'2014 por en ayerHoy, chispazos y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , , , , , .
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