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Pre-textos sobre curiosidades

Di mi nombre

¿Cómo hacerse de un nombre en el mundo de la moda? Alber Elbaz una vez dijo En el judaísmo, si cambias tu nombre, cambias tu destino. Se llamaba Albert, con una t que pocos podían pronunciar. Conocemos a Chanel, Dior, Givenchy, Balmain, Lanvin, incluso a Alexander McQueen, Alessandro, Dell’Acqua o a John Galliano; no hablo de personas, sino de marcas. Nombres que han quedado en manos de otros porque se convierten en un buen interés.

Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent al ganar el Wool Secretariat Design Award, 1954 Foto: ?

Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent al ganar el Wool Secretariat Design Award, 1954
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En los negocios parece muy familiar dejar el apellido a cargo de los hijos para que continúen con la empresa. Los tiempos cambian y los descendientes también tienen sus propios sueños y quieren montar su propio legado. Pero sin los recursos suficientes se comienza a jugar con créditos y financiaciones que en algunos casos devoran las aspiraciones. Un destino que ha sucedido con varios diseñadores quienes tuvieron que decir adiós a su propio nombre.

Se convierten en marcas que traspasan la identidad personal para crear una empresarial dirigida por CEOs de grandes conglomerados quienes las tutelan y guían en esta vorágine llamada industria de la moda donde no se las puede dejar en manos de creativos propensos a emociones y psiques frágiles. Así, no hay reparos en despedir a sus diseñadores, siempre y cuando sea en beneficio de la marca.

Por principios o por desacuerdos ya sean en ámbitos creativos y/o de control de sus propias firmas los diseñadores tienen que abandonarlas. Por otro lado, sin esta oportunidad difícilmente pueden continuar con su sueño de abrir tiendas para acercarse a sus clientes y mejorar su producción; pueden rechazar sus ofrecimientos para quedarse a vestir santos; o arriesgarse a no poder pagar a los acreedores, como L’Wren Scott quien terminó colgada en su apartamento. Al final del recuento el nombre del diseñador, la marca, será de otros.

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Así se conservan cadáveres en este mundo, como Chanel, Paco Rabane, Vionnet, que año tras año cambia de director creativo, o pueden estar en un vaivén de compradores, un limbo económico, como Bill Blass. Marcas que realmente ya no se identifican más con quien les dio su nombre, se amalgaman con la estética del director creativo en turno que revisa lo que se hizo para hacerlo rentable y actual. Se mantienen vivos los mitos y sus símbolos tal sarcófagos llamativos que nos deslumbran con la historia que nos cuentan, ocultando un interior irreconocible, carcomido por el tiempo.

El nombre es la primera propiedad que tenemos escrita en un papel y vamos aprendiendo a asimilarlo para reaccionar cuando lo escuchamos o para que los otros nos reconozcan. Es parte indiscutible de nuestra identidad; cambiarlo es una opción, pero no podemos perderlo ni venderlo y robarlo es fraude. Si no pueden nombrarme es que no se acuerdan de mí ni sabrán quién soy, solamente una idea vaga de un ente que se esfuma en pensamientos. ¿Podríamos vivir sin nombres? Los inmigrantes ilegales viajan sin documentos para empezar de nuevo en otro sitio, ya que su nombre es un lastre que los hunde y los lleva de vuelta a su país.

Los diseñadores hacen de su nombre la moneda de cambio para convertirse en dioses poderosos que vivirán en apogeos perdurables en nuestra memoria. Su ambrosía es la gente contratada para mantenerlos con vida y actualizados; muchos han sido resucitados por jóvenes que entregan sus mejores cualidades a estas marcas. Vivos y muertos los diseñadores son puestos en la cima del mundo, pero todos tienen su época de esplendor y las ideas se van gastando con el tiempo.

Producen un cambio que tambalea lo establecido, una vez asimilado se les exige más de lo mismo. Si presentan algo diferente a lo que nos han acostumbrado se lo reprocharemos. Sin embargo, el mundo capitalizado no permitirá que reposemos nuestros deseos ni que nos olvidemos de lo que alguna vez nos interesó. Cuando el diseñador pierda valor es hora de la muda. La opción más rentable es colocar a otra persona en su nombre que regente sus conceptos y que los revista. Así, habrá lo mismo pero renovado para unos y algo diferente, nuevo, para otros. Con Raf Simons Christian Dior aumentó un 31% sus beneficios, mucho por al interés de consumidores más jóvenes.

Yves Saint Laurent Primera colección, enero 1962 Foto: ?

Yves Saint Laurent
Primera colección, enero 1962
Foto: ?

Diseñadores achacosos están por dejar vacante sus suculentos nombres. Giorgio Armani, Ralph Lauren, Vera Wang o Vivienne Westwood tienen que depositar sus tijeras y agujas en la siguiente generación o apagar su luz para siempre. En más de treinta años de laboriosa creación habrán hecho y desecho tanto culturas y etnias, como movimientos artísticos y musicales, pasando por películas y personajes famosos, como por ellos mismos; han sobrevivido, pero para persistir hay que saber a quién venden, traspasan, franquician, regalan su nombre.

El negocio de la moda continuará con ellos y sin ellos, mientras nosotros estemos dispuestos a seguirla y comprarla. Lo interesante es observar qué harán los holdings con la subasta de firmas que se queden vacías y con los frescos nombres dispuestos a convertirse en marcas. Al final, son seres humanos que se consumen, son prescindibles. Cambian su nombre por un mejor destino, ¿de quién?

Todos los demás somos más humildes, pero también mantenemos nuestra vida sujeta a una lápida marcada con nuestro nombre. La solidificación de éste se convierte en sinónimo de desesperación por salir un día, pero lo único que hacemos es intentar alcanzar las estrellas. Su pesadez se incrusta en el recuerdo de los mortales que no nos dejan ser libres por egoísmo a sentirse solos o por miedo al olvido. Una tumba para conservar la memoria de los demás con recuerdos que se desfiguran como el cuerpo que se corroe en la oscuridad.

¿Y tú quién eres?

Miuccia Prada Miu Miu, FW 2011 Pierre Verdy /Getty Images

Miuccia Prada
Miu Miu, FW 2011
Pierre Verdy /Getty Images

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Esta entrada fue publicada en 18'08'2014 por en in'co'MODA y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , , , .
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