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Pre-textos sobre curiosidades

El flanco castrense

Una de las propiedades de la moda es no ser estática, pero pareciera que es como la vemos habitualmente. Cada uno de nosotros la transforma al prestar signos que llenamos con nuevos significados. Sin embargo, cuando forma parte exclusiva del sistema de las marcas y su difusión a través de imágenes en revistas, carteles, incluso en videos o anuncios de televisión, a pesar de la sensación de movimiento, se queda plana y rígida. Las prendas inmóviles simulan un juego con el espectador para ofrecer más que moda, arquetipos de vida.

El mundo de la moda es regido por unos pocos, que lo ordenan y estructuran, para que continúe satisfaciendo nuestros sueños. Para hacerse real y cercana necesita mostrar todo el arsenal que posee y captar nuestra atención. Una ilusión más entre sus tácticas, ya que esa moda es sólo para los elegidos, los demás esperaremos los restos que las marcas carroñeras puedan hurtar.

Para hacer gala de poderío y majestuosidad, al igual que una nación saca a la calle su ejército para que los ciudadanos disfruten de un imponente espectáculo derrochando pulcritud, resplandor y orden para demostrar su fortaleza, el sistema de la moda organiza desfiles en cada temporada con el fin de exhibir lo que algunos podrán adquirir y muchos otros sólo desear.

Los espectadores atónitos permanecemos a los lados para dejar pasar a las tropas con paso firme como si estuvieran embistiendo al viento. De esa imagen a la que se vería en una batalla, no tendrían nada en común. Los desfiles de moda son parecidos. Los pocos asistentes testigos de lo que se verá en un futuro se encargarán de comentar y analizar las tendencias para esclarecernos las ideas de los diseñadores y así aplicarlas a nuestro día a día.

Estos eventos han evolucionado y se han adaptado a las épocas, no han quedado como simples desfiles ceremoniales que dan mal sabor de boca por recordar una tradición que sigue tan actual como es la guerra y las oposiciones de pensamientos y naciones. La moda trata de estar de nuestro lado para proteger a sus más fieles aliados, su supuesto consumidor.

Si antes era un pasillo de donde una mujer salía portando el número o nombre del vestido ante unos pocos compradores, hoy es una exquisita pompa solemne que en cada paso se acerca para alejarse y no volver a ser visto. Los grandes espectáculos de doce minutos se esfuman y el único fulgor que nos dejan son imágenes que nunca llegarán a mostrar ese resplandor del acontecimiento.

Las prendas se desvanecen en el vaivén marcado por la modelo de apertura en esas sendas que se vuelven laberintos imaginarios que sólo ellas pueden descifrar. Crean ritmos cadenciosos que nos embelesan, nos hacen ver fantasías andantes. Caminan kilómetros sin descanso en cada temporada, las mismas mujeres son reclutadas para pasar sobre la pasarela de una y otra marca.

Estas niñas son el ejército de la moda quienes visten la ropa más codiciada. Muchos vestidos nunca más tocarán la piel de un ser vivo. Finalizado el mes de cabalgatas, estarán listas para pasar revisión. Su destino está en manos de pocos que decidirán quién debe continuar y a quiénes eximir de tan admirable responsabilidad, como un buen soldado después de la guerra, pero sin medallas de honor.

Cuerpos frágiles que tienen que llevar el peso de una imponente industria sobre sus hombros. Se piensa que es un trabajo fácil, pero hay que tener temple. Todo depende de lo complicado que los diseñadores y sus equipos quieran dificultarles el campo de batalla para satisfacer a esos mirones que están listos para destruir carreras o vanagloriar a los susodichos con bellas palabras y alabanzas.

Estas reclutas tienen que defender con paso firme las ideas y los conceptos que se le han encomendado. Son el eslabón que hará de esas prendas parte de la moda, que saldrán de esos lugares ambientados para presentarse ante photocalls de películas, programas, anuncios y revistas. Una realidad aparentemente normal, pero superficial. Una imagen holográfica que aparenta un volumen que no podremos sujetar. Se convertirán en ropa sin identidad, sin vida. Solo una muestra de lo que el pasado quería para el futuro visto en el presente.

Estas cabalgatas llenas de música, personalidades y prendas preciosas son la patente fortaleza de la industria de la moda. Sin estas demostraciones de poder qué sería la moda, una fiesta privada en algún penthouse en París o Londres, una mera reunión entre amigos; que lo son, pero necesitan del ruído para subsistir. La moda necesita ser vista y aprobada por todos. Nosotros hacemos a la moda, pero a partir de unas bases culturales.

Pocos veremos desfiles y a pocos nos interesará la tendencia de la temporada. Todos nos vestimos y algunos compramos ropa. Algunos van al desfile militar y pocos se unen al ejército. Todos somos parte de una nación y pocos mueren por ella. Todas las modelos caminan la misma pasarela y alguna perderá el rumbo.

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