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Pre-textos sobre curiosidades

Vestigio

La importancia de las cosas es tanta como el aprecio que se les tiene para resguardarlas y poder admirarlas una y otra vez. El exceso de vigilancia que se les da intensifica su valor. Así, pasan en el tiempo como objetos que dan testimonio de nuestra existencia a los demás. La conservación de objetos da presencia. Heredarlos da perseverancia.

¿Quiénes son los que deciden qué se guarda y qué no? Todos estamos sujetos a la recolección y colección hasta que llega un momento en deshacernos de nuestros tesoros. A veces este último acto es tan sencillo como arrugar un documento o no darle save a un archivo, hasta meter algo en cajas y a la basura. Otras son las opiniones que nos rodean en ciertas épocas que determinan qué debemos apreciar para mantenerlos. Las decisiones tanto apresuradas como concienzudas dependen de nuestro hoy, porque el mañana siempre tendrá una opinión diferente.

¿Realmente necesitamos preservar información de nuestro pasado para ser; necesitamos escarbar en él para saber quiénes somos hoy? Muchos objetos, desde la piedra-instrumento hasta una vivienda de junco, que se exhiben en instituciones públicas pierden su función real para convertirse en símbolos. Restos encontrados en la superficie que al observarlos nos dicen más de nosotros que de quien los utilizó en algún momento.

Toda la información que coleccionamos habla sobre nosotros y con nosotros. El interés de la época y lo que valoramos como cultura. Los restos que preservamos de otros tiempos y culturas son interpretaciones que las entendemos en nuestro presente, no en su pasado.

Destruir objetos importantes es agredir lo que nos hace humanos. Censurarlos es la intención de suprimirlos de nuestra historia para redirigirnos en lo que ansiamos convertirnos en el futuro a través de la herencia que queremos dejar.

Somos seres que se desvanecen, lo único que continúa es una cubierta que otro se pondrá y la vestirá como entienda, y que adaptará a las necesidades de su tiempo. No hay manuales de instrucción porque a nosotros nadie nos dejó uno, o porque nosotros no supimos leer las indicaciones. Sólo podemos averiguar y resguardar los objetos de nuestro pasado y, en muchos casos, únicamente admirarlos desde una vitrina.

¿Qué sucede cuando lo que retenemos está vacío? Los objetos pasan a ser cosas mudas. Los mantenemos y actualizamos, hasta que llega un punto cuando se convierten en estorbo. Más que tranquilidad, perturban.

¿Será la destrucción una condición humana? Mantenemos los vestigios de otros para desmontar nuestro presente. Un backup por si tenemos que reiniciar. Y sin esa copia de seguridad, ¿tendríamos que comenzar desde lo almacenado en nuestra memoria? Si perdemos todo, ¿qué haríamos por subsistir?

Nos han enseñado a mantener tradiciones y a creer en mitos. Construir sobre ruinas y conservar sus pedazos. ¿Tenemos la fuerza y el coraje de pulverizarlo todo y aun así mantenernos en pie? ¿Debemos  de seguir reelaborando una y otra vez símbolos con nuevos significados? Transformar residuos en reliquias. Objetos en información valiosa para nosotros y en vestigios para aquéllos que vendrán.

Prolongarnos hasta de-formarnos.

Disfraz

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