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Pre-textos sobre curiosidades

Resaca

Una persona nos pide los nombres para buscar en la lista la mesa que nos corresponde. El salón está arreglado para la ocasión, una muy especial, la de hacerte partícipe de una noticia importante que va a cambiar la vida de la persona celebrada.

Ad agency, Londres, 1995 Martin Parr

Ad agency, Londres, 1995
Martin Parr

Podría ser el asistente de una boda, una comunión, una fiesta de empresa, una entrega de premios, los Oscar. No habría diferencia entre éstas ni las celebraciones más primitivas. Conservamos vestigios ancestrales, porque si fuéramos desmontando el atrezo contemporáneo desvelaríamos las similitudes que compartimos con los grupos más rudimentarios.

Vestimenta específica, banquete, discurso para oficializar el motivo de dicho evento, bebida, baile. Asistentes atendiendo a cada una de las actividades programadas; todos sabemos qué hacer, pero necesitamos de los organizadores para marcar los tiempos. Se dan felicitaciones y obsequios. Hechos que sirven para asumir por parte del grupo el nuevo rol del festejado o los festejados.

Todos asistimos o tenemos nuestras celebraciones, podrán ser diferentes en forma, pero se rigen por los mismos ritos. Esta exaltación queda expuesta en la opinión de los otros, podrán ser cientos de invitados o simplemente uno. Todos salimos ganando y todos perdiendo.

Sin título (Candle), 2010 Kathryn Andrews

Untitled (Candle), 2010
Kathryn Andrews

Los otros saben algo de nosotros al exhibirnos entre pompas y trompetas. Les damos la capacidad de vigilar y exigir que llevemos a cabo esa nueva representación social en nuestra vida. Es cuestión de honor y es nuestra responsabilidad no perderlo.

Somos lo que la sociedad nos pide y exige. No es una mera fiesta con comilonas y bailes al son de tambores. En presencia de la tribu acatamos las reglas establecidas para formalizar el rito. Nosotros mismos necesitamos de estos eventos para asumir las nuevas responsabilidades ante un contrato tribal que nos pide hacer ciertas acciones que en otras ocasiones parecen ridículas.

Todo parte de esa presión grupal para poder pertenecer a él y mantener nuestra reputación. El premio es el reconocimiento y los aplausos. Ésta presión que se desvanece hasta que todos se relajan y se pasa de la solemnidad a la borrachera.

Suelos sucios, manteles manchados, algo tirado. Evento majestuoso que termina con una imagen que nada tiene de llamativa. El esplendor se percude. La desolación de la pista de baile y las sillas vacías son lo que nadie ve, porque ya no hay grupo con quien compartir.

Explosion #15 Wedding feast, 2007 (Fotograma de video) Loredana Longo

Explosion #15 Wedding feast, 2007 (Fotograma de video) Loredana Longo

Esa última imagen da escalofríos. Porque nos muestra lo que seríamos sin grupo, sin tribu. Los otros nos rigen y nosotros a ellos. Compartimos la presión. Dejar estos ritos de pertenencia sería estar solo. Compartimos en ellos una alegría indiferente y acostumbrada.

Acatamos las reglas y como recompensa nos dan incentivos para poder relajarnos y tener ánimos de participar. La presión se vuelve más llevadera ya que por un instante las miradas están en el otro. Pero esa persona también nos recuerda que nosotros tenemos una responsabilidad y un rol que cumplir en el grupo.

Todos volvemos a la cotidianidad, cada uno vuelve a asumir la influencia de la sociedad en espera de volver a honrar a alguien más o de que ésta vez se nos aplauda.

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