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Pre-textos sobre curiosidades

Match point (Nota #Sígueme)

No se conoce el mundo, se conoce lo que publican otros y a partir de ellos se descubre lo que se piensa que es el mundo. Las redes sociales tan imprescindibles en el día a día nos desconectan de lo que nos rodea, que ni nos fijamos en nuestras propias uñas al dar clics sobre la pantalla.

Las redes virtuales promueven una interacción diferente a la del mundo y sus habitantes carnosos y viscosos. El tiempo que pasamos en ellas nos ayuda para no perderlo a la hora de conocer a alguien. Tolerar al otro se ha vuelto un sufrimiento en una época donde todos tienen derecho a expresarse libremente. La democratización no puede abarcar a los 7.349.472.000 de habitantes en el mundo. Quizá democratización son los 57 millones de followers que tiene @cristiano o los casi 3.5 millones que perdió @justinbieber en un día. Pero  todos pertenecemos a ese mundo poblado @instagram con sus 156 millones donde encontraremos nuestro pequeño nicho para revolcarnos en lo que nos gusta.

Entablamos amistad con perfiles que no llegamos a conocer fuera de las pantallas, si es que algunas conexiones se pueden llamar amistades. La acción es fría, pero la sentimos más cercana a nosotros. Ya que algunas apps nos permiten satisfacer placeres efímeros, ya sean encuentros casuales o masturbaciones mentales. Pero siempre restringidos por un ente que mantiene el orden y nuestro comportamiento en estos sitios virtuales. Ese ente es nosotros mismos.

Dalila Virgolini, Mis fotos de Perfil, detalle, work-in-progress-2015

Mis fotos de Perfil, detalle, (work in progress), 2015 Dalila Virgolini

En las cuentas que abrimos para abarcar al mundo y conocer más allá de nuestra geolocalización siempre se nos exige completar un formulario básico en el cual tenemos la libertad de crear una personalidad o personalidades a nuestro antojo: extrovertida, directa, cortante, misteriosa, difusa o transgenérica (porque los órganos sexuales se quedan al otro lado de las pantallas). Ser quien queremos ser. Libertad de crear un disfraz virtual y vestirlo con las frases que más nos apetezca. Y con la facilidad de eliminarla o cambiarla sin más repercusión que la de perder seguidores o likes.

Sin embargo, en este espacio de códigos sigue reinando uno que da consistencia a los perfiles que se crean. Nuestra moral, nuestra cultura y todo lo socialmente convencional se deposita en algún lugar de esas apps y redes sociales. En ese viaje que hacemos del mundo real al virtual llevamos una maleta que nos haría pagar sobre-equipaje en cualquier aerolínea. Ese ente que tenemos preinstalado está ahí para que cumplamos con las normas de la sociedad. Nos mantiene anclados en una dimensión estrecha para no entablar contacto con ovejas negras.

Tenemos a nuestra disposición, 156 millones de persona que están a un solo clic, pero que no aparecerán porque nuestra búsqueda ha sido predeterminada por nuestras preferencias. Flores nos gustan, flores tendremos; le damos me gusta a zapatos, más zapatos veremos; busquemos #vagina y de los 245,636 resultados sólo se desplegarán 36, los otros han sido bloqueados por que la comunidad los ha reportado; pero tendremos 122,148 de #pene; y de #acrotomofilia sólo 16.

Naro Pinosa

Naro Pinosa @naropinosa

Somos ciudadanos de un mundo tan corto como queramos. Jugamos con un tira y afloja. Disfrazamos nuestro perfil a nuestro estilo y antojo, pero al mismo tiempo nuestras acciones se ven controladas por ese pensamiento social inculcado en el mundo real. Buscamos lo que nos gusta y pertenecemos a mini colectivos que se establece por medio de la complicidad que se da entre perfiles. Logramos construir un enjambre que cumple ciertas normas y confidencias tácitas.

Todos buscamos y queremos encontrar lo mismo. No se pide más de lo que se muestra en los muros. Vamos seleccionando las mejores cuentas para satisfacer nuestras disimuladas filias y, si hay suerte, hallar ese amor de cuento de hadas.  Ese conjunto de gustos pide a gritos ser unido para crear nuestro propio monstruo de Frankenstein. Dar vida a un ser que nos complazca en todo lo que nos agrada.

Enrique Radigales, Landscape + Ruins, 2012

Landscape + Ruins, 2012 Enrique Radigales

Nadie quiere darse la oportunidad de conocer a alguien más, quieren un sueño que se adapte a su cursi corazón, porque todo lo que se marque con la equis será para lo simple, difuso y degenerado. En este mundo sobrepoblado es mejor tener la esperanza que la certeza de encontrar a ese ser perfecto que encaje con nosotros, porque no hay tiempo ni ganas de ver más allá de la geolocalización que marque la app en turno.

La pantalla es el contacto más lejano que tenemos con las personas. Nos resistimos, pero quizá nuestra naturaleza nunca ha sido la comunidad, una necesidad más que una voluntad. Quizá no somos animales de manada y las apps nos abren los ojos a esa verdadera naturaleza humana, donde cuanto más lejos mejor. Pertenecer y seguir a un líder sin entablar contacto táctil ¿acaso esto es una nueva religión?

RICHARD PRINCE, Untitled -portrait-, 2014

Untitled (portrait), 2014 Richard Prince

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